poniedziałek, 10 grudnia 2018

— Cómete la sopa me dijo Halinka que estaba arriba de mí con un plato lleno de sopa de tomate humeante, mientras yo estaba acostada en el sofá cubierta con la colcha. Su cara expresaba la preocupación maternal Es de fideos y no con el arroz.
Prepararle la comida a alguien es el testimonio de amor más grande posible. Apreciaba mucho lo que mi amiga hacía para mí en los últimos días. Todo el tiempo estaba al mi lado cuando yo me sumergí en la tristeza que no se podía combatir de ninguna manera. Sabía que mi comportamiento era irracional. Debería actuar de modo más razonable y no como una adolescente. “Oh, Laura, me alegro de verte”, “Es mi novia”. Estas palabras me parecían cuchillos afilados cuando los oía una y otra vez en mi cabeza. Simplemente no era capaz de dejar de volver a pensar en esa escena irreal. Cada momento me acordaba de su cara indiferente. No tenía derecho de estar tan devastada, de sentir tanto dolor, de querer en exclusiva una persona con la que solo dormía. Sé que no tenía derecho. ¿Y qué? Estaba como una niña. Realmente pensaba que era algo especial. Maldita idealista.   
 No quiero le respondí, le di la espalda a ella y me metí aún más debajo de mis sábanas. Sentí que las lágrimas de nuevo rellenaron mis ojos y después fluían por mis mejillas.  
Halinka no me decía que tuviera que ponerme las pilas, en realidad nunca lo hacía en las situaciones difíciles para , no juzgaba, no me forzaba a hablar. Siempre estaba conmigo, intentaba animarme y se lo agradezco muchísimo. Entonces trataba sin descanso de convencerme para que comiera la sopa de tomate. 
 Tienes que comer, cariño. 
Me dio cuenta de que en realidad tenía bastante hambre. Por lo tanto, me senté despaciotomé el plato y empecé a comer, soplando en cada cuchara. La sopa era muy rica. Mi amiga sonrió satisfecha y volvió a su sillón a leer Fedro de Platón. De repente oímos el timbre y nos miremos. 
 No estamos murmuré. 
 Les diré que has ido y se levantó para abrir la puerta. 
Y luego oí los gritos y las maldiciones. El corazón me subió a la garganta. Aparté la sopa, tomé Fedro conmigo como un arma potencial, tenía solo ciento hojas, pero la cubierta era dura, corrí para ver qué pasaba. No podía creer a mis ojos. Me paré en el pasillo al ver como Halinka intentaba cerrar la puerta ante él. Nuestras miradas se cruzaron.  
 Laura, te ruego, escúchame. 


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