Corría a su piso tan rápido como fuera posible, pero a la puerta me detuve. Tenía miedo por lo que podía ver detrás de ella. Al tirar el picaporte, me enteré de que estaba abierta.
Pasé el umbral y al principio no vi nada. Cuando entré más a dentro me encontré con Michał atado a una silla con una cuerda. Se clavaba en su cuerpo de tal manera que debajo de su camisa se podían ver las manchas de sangre. Debía de intentar liberarse. Su rostro estaba hinchado y cubierto con las heridas. Sentí un enorme miedo y, al mismo tiempo, me puse furiosa al imaginarme que monstruo era capaz de hacerlo. Dije su nombre como si mi voz no perteneciera a mí, no quería cooperar, ni el resto de mi cuerpo, era casi inaudible, pero él me oyó, levantó los ojos y me vio.
— Laura —su voz y su mirada, en cambio, no correspondían con el cuerpo golpeado, siguieron siendo firmes como siempre. Corrí hacia él y me eché a desatar la cuerda—. Déjalo y huye de aquí. ¿Me entiendes? Te dije que no vinieras. Vete y llama a la policía. ¿Me oyes? — yo ya no era capaz de contener las lágrimas. Fluían de tal manera que no veía nada, pero querría de todo corazón desatar esta puta cuerda.
— A ella no le haré daño. No podría, porque la quiero muchísimo. La quiero tanto que me vuelvo loco.
La voz de alguna manera conocida venía detrás de mi espalda. Me di vuelta y no podía creer. No. Podía. Creer. Era Erwin. Sí, mi estudiante, sonriendo.
Sí, hombre, ya sabemos perfectamente que eres totalmente loco, pero muestra un poquito de juicio y déjala que se vaya, antes de que venga la policía —!era impensable que aun en unos momentos así era irónico!
— ¿Que mierda pasa aquí? —grité siendo que con cada segundo mi ira va aumentándose—. Erwin, joder, que estás trajinando? Has secuestrado y golpeado a mi novio, vas a la cárcel y no la abandonas en breve, puedes estar seguro de este hecho.
— Laura, mi amor, no puedes estar con este patético hombrecito —empezó a acercase a mí—. Mira qué asqueroso está ahora cuando le arruiné esta carita bonita. Él no te quiere. Él quiere solo a sí mismo, quiere el dinero. Mira a esta casa. Yo te quiero en serio. Conmigo serás feliz. Toda la vida voy a admirar tu gran talento y tu cuerpo, serás mi musa. Nosotros somos artistas —yo estaba retirándome y sentí que mi espalda tocó la pared. Él estaba solo unos centímetros delante de mí. Sentía su respiración en mi rostro. Oía como Michał intentaba liberarse. Logré empujarlo. Querría gritarle que es trastornado, que nunca estaría con él, pero exactamente porque es trastornado, intenté calmarme.
— Erwin, mira, lo que estás haciendo es el crimen. Desata a Michał y déjale salir.
— Puedo liberarle a condición de que te quedes conmigo para siempre.
— Hijo de puta —siseó Michał.
— Vale, me quedo contigo —respondí.
— ¿Para siempre?
— Sí, para siempre.
— !Laura, joder, corre, la puerta está abierta! — no dejaba de intentar liberarse.
— Serás capaz de quererme?
— Sí. Ahora déjalo ir.
— No, no puedo hacerlo. Es solo un obstáculo. Tenemos que deshacernos de él.
Del bolsillo trasero de pantalones sacó la pistola y disparó al pecho de Michał. Apareció ahí una mancha de sangre que se aumentaba muy rápido. Caí al suelo. Todo lo que pasó después está borroso en mi mente. Al piso entraron corriendo los hombres en negro que atraparon a Erwin y detrás de ellos alguien en rosa, debía de ser Halinka, que inmediatamente apareció al mi lado y me abrazó muy fuerte, sentía sus lágrimas calientes en mi mejilla. Sabía que son suyas. Yo no lloraba, yo era un gran vacío, como si no hubiera quedado nada dentro de mí.
***
Llego al hospital cada día. Halinka siempre llega conmigo. Yo guardo su mano, fría y sin vida, muy suavemente acaricio su pobre cara. Él nunca se mueve. Halinka le pide perdón que un día lo llamó hijo de puta. A veces llega Maria. Dice que le mató el hijo. Halinka dice que no es verdad. No soy capaz de tocar los pinceles. “Nosotros somos artistas”. Quiero deshacerme de todas mis pinturas. Pero no puedo. Pinto a un hombre. Viste un traje no demasiado elegante. Está sentando en una silla, en la oscuridad y apoya el mentón en las manos entrelazadas. Mira al vacío.
***
Después de unas semanas Michał por fin se levantó. Apretó mi mano y sonrió suavemente. Yo rompí en llanto, Halinka también y le pidió perdón por la millonésima vez. Ella, en realidad, salvó nuestras vidas. Aquel día, quiso visitarme. Al llegar y enterarse de que yo no estaba ahí y la puerta estaba abierta, supo que algo había pasado. Fue a la casa de Michał. Oyó la conversación y llamó a la policía. Erwin no fue a la cárcel, sino al manicomio, porque al cometer el crimen era inestable. Yo sigo teniendo un tipo de aversión al pintar, pero trato de combatirla. La exposición está prácticamente lista, pero no tengo cabeza para esto, aunque Halinka y Michał intentan animarme. No sé si vuelvo a la pintura. Tampoco a mi trabajo. Por ahora estoy de baja. Junto con Michał tratamos de arreglarlo todo. Los médicos dicen que si se levantó, ahora todo estará mejor, aunque los cicatrices quedan. No solo en el cuerpo. Él me asegura que esto no haya sido mi culpa, que sus sentimientos por mí no cambiaron, que son incluso más profundos. Yo me ha dado cuenta de que simplemente lo amo. No sé qué pasará en el futuro, que seguirá siendo pintora. Lo de que estoy segura es que lo más importante en la vida son las personas que amamos. La familia, los amigos. Sin la gente adecuada, nada tiene sentido.
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